Al escuchar la canción
será mi cerebro que fabrica los olores,
siente la humedad de la casa,
huelo pan recién tostado.
Y ganas de llorar,
de un llanto desgarrante
y no querer parar.
Desgañitarme contra el eco y
romper la cuerda viciosa del yo-yo,
hasta desangrarme en lágrimas sin sal.
Y pedirte una transfusión urgente,
Ignorando todos tus tatuajes
Oníricos y tóxicos.
No, no es mi cerebro.
Sino algún dios que me hace propaganda
a modo de sonidos.
Porque huelo a castañas asadas.
La niebla había envuelto mi ego
sosteniendo en algodones;
-FRAGILE-
Así mi etiqueta,
el yo-yo perdido en combate con las tijeras.
Porque todas las libras no eran necesarias
Ni todos los esfuerzos suficientes.
domingo, 19 de abril de 2009
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