domingo, 26 de abril de 2009


Me entra la congoja,

si pienso que el simbolismo está agotado.

Que todas las palabras no se acercan más que a mis ojos, a mi boca, a mi nariz, a mis dedos.


Sin desarreglarme los sentidos continuamente,

más aun, de vez en cuando.

solo como ensaladas de tomate,

y kiwis templados.


Pudiendo decir todo sin estar contaminada de nada de nada,

nisiquiera de mi misma porque ni yo aun existo.

Está todo relleno de tomate y kiwi.


Intento ser profeta de realidades artificiales,

más dulces que las realidades de ningún mundo

más somníferas y reconfortantes, todas recubiertas de gelatina de mora.


Vivan los sabores adulterados y los sonidos distorsionados.

R-ocambolesca;

Enamorada de un homosexual muerto,

de un terrible infante y sus embriagadores encantos,

Llenos de alucinaciones los pulmones cuando las amapolas eran suficiente.


I-nconsciente;

tal vez de lo que provocan las palabras en los huecos correctos,

de lo que provoco al abrir la boca y cerrarla después de veinte minutos de alegaciones,

salpicadas de saliva, de crueldad o cansancio.

Ya nunca de vos.


Psicópata-M-aniatico-depresiva,

ansiosa de otras vidas, atrapadas en la naturaleza que no es el papel

que no es el bolígrafo, ni las teclas del personal computer.

Con los ojos hinchados sin llantos, ni humos.


B-alanceándome en el hilo de la irresponsabilidad,

A-cercandome al filo del descontento,

U-surpando utopías a amigos no tan amigos ahora,

D-udando si darte pan para que hagas bollos

o tortas para que calles esa voz de inconformista disfuncional.


Y joder, todo lleno de tomate y kiwi.

Empiezo a odiar el rojo y el verde,

la sangre y la hierba,

el jersey de invierno que me regaló la abuela y la raiz de baobab que me nace de la cabeza.


Maldita, borracha aunque abstemia.

Con los ojos salidos de las órbitas por su culpa,

indicándome que todo es perfecto, aunque las goteras humedezcan el techo.

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