viernes, 10 de agosto de 2012

Barcelona. Preludio de Alba

Han pasado ya unos meses. Y estoy en una ciudad del mediterráneo. El aire empapado en sal, agua, sal.
Soy un ente que choca, y rebota y cae y sube y vuelve a chocar.
Y así me veo en el reflejo de los ojos de otras personas.
No hay expectaciones. Tengo vacíos los ojos vidriosos. Y sólo me enajeno cuando me drogo.
Sí. Aun sin control y cada vez más a disgusto.
Pásate a la cerveza.
El orgullo gay en Madrid ya fue un aviso, la Razzmatazz un ultimatum.
Razzmatazz; verborrea.
El caso es que aquí me hallo, de una forma u otra. Por tirarme a la piscina sin bañador, al mar he llegado.
Y otra vez a patearme las calles y a sonreír hasta que las comisuras se me agotan.
Y me choco con entes maravillosos, y entes típicos aunque únicos.
Y se me llena el pecho de gratitud, hacia esas mentes y me siento consciente de la vida y de las personas que me rodean.
Y sonrío.
Y sonrío.
Porque soy feliz y tengo mis aguas calmas.