lunes, 18 de marzo de 2013

AAAAaaaaaaaaaaaaaaaaag

Dicen por ahí, sentirse como un salmón ahumado.
Sí, cierto.
A mi se me viene la imagen de un filetito a la guasona mente.
De los grasientos, un alimento que pruebas, por que ya se sabe, es caro.
Probablemente jamás compraré en el super o en el mercado. Es más, probablemente nunca compre nada más aparte de arroz, lechuga y algunos tomates.

El caso es que se trata de un pez.  Agonizante. Severo en su cruzada.
Que se pregunta; ¿ Cuán patética es la muerte de uno mismo ? Ya saben, mientras saborea los líquidos mortíferos de su propio cuerpo, tomando cuenta de agonizar en círculos.

¿Cuán patética es nuestra vida, pues?
¿No es esa la tremenda cuestión que a todos se nos posa por La VOZ, esa incordiadora  incesante?

Depende, por su puesto, de la cinética o la estática de uno mismo. Cinemática y no de la axiomática.
Quiero decir que los jodidos enfermos mentales, incapazes de vivir o actuar, están exiguos, simplemente de participar en su entorno.
Sí, yo tambien mantengo un dialogo interno preocupante.
Dice Cioran;

Del inconveniente del nacer, hay quien hace vida espiritual, precisamente quien no se manifiesta en el mundo físico.


Dos tipos de espíritu: diurnos y nocturnos. No tienen el mismo método ni la misma ética. En pleno día uno se vigila; en la oscuridad se dice todo. Las consecuencias saludables o enojosas de lo que piensa le importan poco al que se interroga durante las horas en que los demás se entregan al sueño. Rumia la mala suerte de haber nacido sin preocuparse del daño que puede hacerle a otro, o a sí mismo. Después de medianoche empieza la embriaguez de las verdades perniciosas.



Así que aparte de corretear entre sombras, proyectadas por la luna y las falsas farolas, es este tipo de verborrea, la que me derrama, me saca del agua, me da los últimos instantes de mi vida. 
Y yo, como soy una jodida enferma, primermundista, de las sin futuro aparente, sigo preguntándome cuán patética soy muriendo en círculos.

Cuán patética he sido en vida. Y malgasto los únicos segundos válidos para acercarme a Dios.
POor que, JODER, he aterrizado en el mundo y he quedado traumatizada de por vida.
Porque no entiendo una puta mierda.
Mi facultad de decepción sobrepasa el entendimiento. Ella es quien me hace comprender a Buda, pero también es ella quien me impide seguirlo.
Y créeme ( y me hablo a mi misma) que lo intento, cambio mis acciones o me recobro arrepintiéndome.
Y entonces me veo como una Hanna, pero diferente.
No me gusta ser Hanna. Ojalá, muriese.
Sentiría pena por eso de perder la individualidad, pero que coño, habría solucionado tantos problemas de un golpe, empezando por el más grabe: La muerte.

Así que, limpio la cocina, cuezo algún alimento, hago aspavientos, escupo cuando la luna está bien alta, y sólo me escuchan oidos nácaros, vírgenes, aun inexpertos...porque son los únicos que calman mis obsesiones. 
Los únicos que no diferencian el pesimismo del pensamiento crítico.

Y me siento menos absurda. 
Y me acuesto borracha, con y sin compañía. 
Siempre drogada, soportando el dolor incomprensible de haber nacido.




sábado, 2 de marzo de 2013

Ahora soy un borrón tibio oscuro en la nata de tu leche,
soy un invisible,
no me gustan las líneas telefónicas y no acostumbro a escribir postales

por mucho que sueñe contigo
con que me rescatas
y de repente jugamos al mismo juego.

Ya sabes, tu me proteges y me besas la frente
yo te envuelvo en amor y seguridad todo el tiempo

Dijiste que nos comeríamos el mundo entre melodías
y el nuestro es tan pequeño....tan obsceno
tan lleno de mierda

Que fantaseo con algún tipo de premio cósmico
o la felicidad o mucho dinero
para costearme el sexo y después el amor
y luego todos los psicólogos y psicoanalistas de la new age
para llenar a otros con mi dorado putrefacto dnero
con mi insatisfacción
de pobredumbre

Sé que me lees.
No se cómo
desde qué buscador
no tengo ni idea

pero si no apareces
te pierdes, me pierdo en la ironía de la vida
i los vórtices nos separan a  límites que tienden al infinito
y nuestras pieles jamás se cruzarán en el espacio

y tu cuerpo jamás delimitará el mío
Nos habremos perdido para siempre amigo,
y no sabré donde empiezan mis pies y dónde terminan mis manos.

No recordaré el sabor de la libertad, a lo Bonnie
o a lo Clyde,
locura
locura


Hoy más que nunca
con miedo en la cama
en mi la casa donde me he criado,
con lágrimas en la piel y en la frente
busco desesperadamente un aliento, no en la adultez que presumo asumo.

Dirán, la vida no son tantos aciagos.
Y yo sé que soy una primermundista asquerosa enferma de mente y exceso.
Pero sufro,
el dolor la cólera y el espasmo han de ser naturales
excepto en esas criaturas de dios que parecen en equilibrio constante.

Hoy me hubiera dejado,
solo si se inclinase la luna un poco hacia mi lado.
Yo solo espero que me leas,
porque te quiero, no sé porqué ni cómo ni cuando,
y aunque no te bese,
de algún modo sigo esperando.