Así suenan las muchedumbres.
A un millón de pelotas de ping póng
cayendo aquí, allí.
Aquí, allí.
Así suenan las muchedumbres cuando el olvido,
empieza a recorer las calles y a vaciar las bolsas de cabezas cortadas.
Carnavales de ánimo,
gato encerrado.
Ha pasado un ave rozando tu voz de lejanía,
y se ha perdido en el eco-eco-eco.
He llegado al fondo sin oxigeno en los pulmones.
Solo humos, solo humos,
y así se esconde el sol.
Entre humos se esconde el sol tras la ciudad esparcida por el suelo,
entre humos los atardeceres de los paseos tristes se acaban,
como empezaron todas las aventuras.
Se desgrana, invade el horizonte y muere Granada,
muere Granada drogada en mis retinas violácea.
Los ojos estaban cerrados de extrañeza.
Los ojos de un niño de trece años perdido en las estaciones de autobuses.
Sé el color de los campos de polonia.
Los labios varsovianos rojos y los sueños aun en canicas.
Dijo ven, voy, vienes, me marcho, hablaremos del cielo.
Así suenan las noches sin introspecciones.
Las muchedumbres cuando el olvido me persigue y me putea.
Tiene labios rojos, ojos hipermétropes de trece años, y el acento extraviado.
Toca el arpa con canto de sireno.
jueves, 23 de julio de 2009
viernes, 10 de julio de 2009
ñsjklf´ñseigjñslkfngvás
Barán bas-bas.
Gorilas.
Gorilas violentos.
Gorilas violentos y sangrientos.
Gorilas.
Gorilas violentos.
Gorilas violentos y sangrientos.
Medusas.
Medusas en la arena, perdiendo agua hasta la muerte.
Una rueda de bici. Una rueda de bici, que desfigura la puta medusa.
Y yo que le meto un palo en el radio, para que cuando baje por la cuesta que me lleva a la facultad, el "accidente" sea más que algo irónico, un cuadro de sangre.
Los juramentos me salen solos de la boca. Me la llenan, me hacen grietas en la lengua como si me hubiera comido 20 kilos de pipas y me mueven los labios a modo de títere.
Y me dejo.
Dejo que la ira me folle, me transforme y me vuelva a follar, porque juro (y no soy yo quien lo dice) que desfiguraría lo más hermoso.
Ha de tratarse de un círculo vicioso, porque juro que no puedo parar de jurar.
Y paso esta semana de las masturbaciones repetitivas y vacías de direcciones.
Ni siquiera te ofrecen el número de telefono, ¿Serán los polvos de una noche más agradecidos?.
El océano. Las series repetitivas, inexactas y sin prejuicios.
La bicicleta, contra las rocas, ligeramente lamida por las olas, despojo de algo inconexo.
Y mi rubor en las mejillas, y la ira en los ojos, y el placer del grito de fuerza aun raspando la garganta.
Barán Bas-Bas que os follen a todos.
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