Así suenan las muchedumbres.
A un millón de pelotas de ping póng
cayendo aquí, allí.
Aquí, allí.
Así suenan las muchedumbres cuando el olvido,
empieza a recorer las calles y a vaciar las bolsas de cabezas cortadas.
Carnavales de ánimo,
gato encerrado.
Ha pasado un ave rozando tu voz de lejanía,
y se ha perdido en el eco-eco-eco.
He llegado al fondo sin oxigeno en los pulmones.
Solo humos, solo humos,
y así se esconde el sol.
Entre humos se esconde el sol tras la ciudad esparcida por el suelo,
entre humos los atardeceres de los paseos tristes se acaban,
como empezaron todas las aventuras.
Se desgrana, invade el horizonte y muere Granada,
muere Granada drogada en mis retinas violácea.
Los ojos estaban cerrados de extrañeza.
Los ojos de un niño de trece años perdido en las estaciones de autobuses.
Sé el color de los campos de polonia.
Los labios varsovianos rojos y los sueños aun en canicas.
Dijo ven, voy, vienes, me marcho, hablaremos del cielo.
Así suenan las noches sin introspecciones.
Las muchedumbres cuando el olvido me persigue y me putea.
Tiene labios rojos, ojos hipermétropes de trece años, y el acento extraviado.
Toca el arpa con canto de sireno.
jueves, 23 de julio de 2009
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