Las noches de sobriedad
con la muerte tras las puertas arañando las maderas,
son el odio que nunca deseo.
Son el olor a casa antigua
a perros muertos
a pajaros muertos.
Son la última cópula de los insectos beatos,
el agua de manantiales extinta,
las bocas acuciantes de líquido y aire
en el más amplio desierto que es la nada.
Las noches de sobriedad agonizante
son el desmenuzar del tiempo para el regocijo
de las manillas oxidadas y cómplices,
de la incertidumbre y la fe, que es la nada.
martes, 1 de septiembre de 2009
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