miércoles, 30 de noviembre de 2011

Noches claras

Las noches claras se han acabado. Los días cortos también.
Ahora vivo donde muchos años he vivido.
Las tardes en Gran Canaria eran más largas.
Había olvidado o no se si algún día supe lo perfecta que es la luz en este pueblo a los atardeceres. Y no se si algún día observé aquel árbol rojo sangre entre tanto verde que es el parque del municipio.
La dinámica de este lugar me recuerda a esas carreteras, perdidas en mitad de algún trozo de tierra no iluminado.
Temprano por la mañana hay almas silenciosas arrastrando quien sabe qué historias. Los niños entrando al colegio generan un murmullo que llega desde la vaya que da con uno de estos parques de educación vial.

He visto ese lugar cada día durante años.
Aquí tube mis primeras historias de amor, bajo la telaraña de cuerdas, árboles y al pié del lago alguna amistad sostuve,bajo esos medios techos sobre esos bancos, he fumado con amores secretos.
Ahora sigo yendo.
Me siento bajo el "arbolillo" o donde las famosas Estatuas.
BancoPiedra es muy hardcore aun para mí.

Solo mantengo dos amistades.
Hay un amor que fue, que aun queda en estos edificios. Amigo ahora por el amor distinto que le proceso.
El otro, ha sido un personaje entrando y saliendo de escenario a intervalos irregulares.
Es una oscuridad Antonia cuya compañía me embelesa.
Y en esto y otros menesteres pasan mis días en este cuarto.

Cuando llegué pasé por varias fases, pero no estaría mal reseñar que tarde varios días en darme cuenta de donde partía.
Llegué una noche cálida al aeropuerto de Málaga, con un chaval muy agradable de Cullar creo.
Enfermero, agradable, inteligente.
Cuando lo conocí acababa de salir del coche de aquel árabe que había conocido esa mañana en la estación de autobuses, en uno de esos pueblos de noruega.
Pequeño, tranquilo, con un resplandeciente dorado reflectado por los edificios que creo que solo las luces nórdicas consiguen.
Pocos inmigrantes.
Si en unas horas conocí a dos personas especiales me da pensar que todos lo somos y aveces entiendo más los engendros de locuras que somos todos.
Me invitó a sentarme dentro del autobús local para esperar a que saliera.
Paró, esperamos, hablamos. Me preguntó si estaba casada. Me contó que su padre y su hermano fueron asesinados en una explosión en Irán y tubo que irse del país con tan solo 11 años.
Me contó con ojos efervescentes de Fe, que él cuando pequeño rogaba a Dios para levantarse cada noche a las 4 de la mañana para despedir a su padre que iba a trabajar, ya que pudiera ser la última despedida. Y que cada noche durante 4 días sintió como alguien le agitaba en sueños susurrando su nombre minutos antes de que la casa despertara.
Me sirvió vino, porque después de un acto desesperado de contacto social accedí a ir a su casa. Decidiendo aparcar el miedo que me infundía subir al coche de ese extraño y creyendo que tendría buen corazón.

Así fue.
Superadas algunas y otras no por mi parte, tensiones sexuales mantuvimos una conversación curiosa y estupenda que me mantuvo en tensión hasta que me dejó de nuevo en la estación de autobuses.
Las preguntas en su cabeza revoloteaban en su cabeza mientras conducía de camino al aeropuerto confundido absorto en sus cavilaciones y no en mis indicaciones.
- Do you think that I am atractive?
- Yeah - Dije, no me lo parecía pero sabía que no era feo, así que mentí.
- Have you ever had sex?
- Yes, hahahah. I have.
- But you dont want man in your life.-
-Why?-

Y yo divagué un poco sobre una idea sobre una habitación con interior de fieltro y ventanas mojadas,
algunas frases sobre el saber estar con uno mismo y algunas frases animosas para que se fuera al bar del pueblo más concurrido a hablar con alguna chica.

Cuando nos separamos me pidió un beso que le negué.
Y se volvió al coche y me despidió con una sonrisa.

Yo llegué a Málaga exausta y mi madre condujo hasta aquí a 80 km/h.
Con pocas palabras al principio porque la circulación durante la noche es extremadamente peligrosa y una necesita concentrarse, casi a medio palmo del volante.
Desde que se relajó y comenzó a circular sola por la autovía no pare de escuchar locuras sobre el futuro que cada padre desea a su hijo.
Un módulo, terminar este año para conseguir al menos el reconocimiento de diplomatura. Porque en esta vida no hay nada como tener un buen trabajo, que te permita vivir en una casa.
Aveces me miraba un segundo rápida como un búho para preguntar porque no decía nada.
No quería discutir.

En 14 horas; había abandonado Bergen y había dicho adiós a Stian.
Había cogido un autobus, que cogería un ferry para cruzar un par de charcos congelada hasta los huesos fuera en la popa escuchando el viento. Había llegado a Haegesund, caminado, encontrado al tio chachi de las drogas, el personaje de pakistan. El chico de Cullar porque cómo no he vuelto a perder el autobús al aeropuerto.
Noruegos borrachísimos celebrando ya en el avión las vacaciones en España. El que rehusaba a sentarse mientras el avión aterrizaba, me ofrece 50 coronas por besar a su amigo.
Mi madre al volante durante 2 horas, ahí es nada.
Una manada de gatos y mi hermano esperando con Tila.
Pude dormir en su suelo en un colchón blando.

Y este mes he trazado todas las líneas de que podía haber entre los puntos de mi mente hasta llorar entre el lío del suelo por no saberme cuerda o loca.


La primera persona a la que se lo conté fue a mi tío. Por cosas de la vida.
Tiene 26 años, es todavía un niño.
No es fácil responder a preguntas sencillas cuando no se comparten realidades.
Me puedo imaginar a mi misma en el pasado, intentandole explicar a mi viejo yo lo que iba a hacer con ella en el futuro. Y me da la risa.

Puede que no fuera justa al hacer el primer experimento con él.
Pero al terminar la conversación me abrazó con lágrimas en los ojos y me ofreció su mano para siempre.
Es una buena persona mi tío, aunque no nos entendamos nada.

Aquella noche en el patio andaluz de mi difunta tía bisabuela se me abrieron los ojos ante un naranjo que llevaba ahí toda la vida, y con esto me refiero a que yo siempre vi el naranjo allí.
Aquel sitio era tan bello, las estrellas lucían tan fuerte. El olor de noche en Motril, no es como ningún otro de ninguna otra noche.
Y observé como de ciega estaba ante la vida misma absorta en todos esos pensamientos, recuerdos, pasado.



Si en algo evidente he cambiado, es en el oído.
Desde que me separé de Sara esta verborrea de la que todos sufrimos me dejó muda. Y no he dejado si no de escuchar a otros.
He vuelto a reunirme con mi familia, con mis viejos amigos y con nuevas y esporádicas personas.
Leí alguna vez alguna bonita metáfora sobre el espejo al pasado que son los amigos. Y no es más cierto un palazo en la cabeza, que un amigo con una memoria que tu ya has extraviado, como ente percibidor del ahora.