Los azules microscópicos de las diatomeas en el mar
las ondas que recibe mi cerebro y me crean bienestar,
un cosquilleo, un escalofrío, un orgasmo.
Las ondas que son la luz,
lloraría por ellas al filo de un acantilado ventoso.
Las ondas que son la música, las voces, el aliento en cristales opacos,
daría a conocer todos mis abortos, todas las cuencas vacías de mis ojos.
Las maquinarias del erizamiento del vello
no es menos perfecta que los ciervos en bolsas de plástico muertos
Los hierros en los dientes blancos o los suspiros construidos de ojas de papel de periódico arrugadas.
Y la canción me dice que arroge todos los malos pensamientos por la borda,
me recorra con los dedos desde la frente al cuello por el cuero y los expulse como los polizones de las segundas guerras mundiales.
asique me abandono a la droga más barata y busco el polvo más caro
y me dan terremotos en el corazón y el marco de su puerta se descuelga.
y me pongo la música de los cuatro sentido,
porque huelo igual otra vez.
Miro las diatomeas azules otra vez y entro en coma.
Y me pienso, me pienso, me pienso.
Y la pienso.
Y me dan ondas en los ojos, en los pabellones auditivos y en la maquinaria del vello.
martes, 21 de abril de 2009
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